Capitulo 3

 

Ciudad de Bolonia (Italia)

Domingo, 3 de julio de 2011, 21:05h.

Dos días antes.

 

Atrás quedaba uno de los emblemas de la ciudad de Bolonia. Ahora caminaba solo por sus calles de regreso a lo más parecido que en su profesión podría considerar como un hogar, necesitaba descansar.

A diferencia de lo que pudieran pensar aquellos poderosos de la actualidad que contrataban sus servicios, orgullosos de sus actuales torres y cegados por la vanidad, él no era ningún inculto. No se llegaba a su nivel de prestigio, manteniéndose vivo durante tantos años, siendo un idiota, hacía falta algo más que una buena instrucción militar. Se necesitaba ser metódico, disciplinado, inteligente y sobre todo conocer a las personas y sus reacciones. Una vez puesto en marcha un trabajo era necesario escrutar hasta el último detalle. Ubicaciones, idiomas, cultura… No se debía llamar la atención, y ante todo mantener una tenacidad y perspicacia sin límites. En definitiva, no cometer ningún error, aunque llegado el momento había que saber improvisar. En su caso, y gracias a Dios, prácticamente nunca tuvo que tirar de imaginación. Y es que en su profesión, la improvisación significaba tarde o temprano la muerte, ni más, ni menos.

Allí estaba conociendo el terreno de su próxima “transacción comercial”. Como un turista más, cámara en mano, y con la bella capital de la Emilia-Romagna de fondo, aunque en sus fotografías no aparecerían los monumentos de la Piazza Magiore o el Palacio del Podestá, ni en sus planos se encontraría marcada la famosa Iglesia de San Francisco, todos ellos edificios históricos con cientos de años de antigüedad. Ya tendría tiempo de regresar algún día si aquella despedida se dirimía según lo previsto. Pronto dejaría aquello para siempre, pero aún no.

El señor Nicolás Girard, respetado hombre de negocios francés, debía volver a su apartamento situado al final de la Via Dell´Indipendenza. Organizar la información recopilada, cenar algo y aprovechar para descansar un poco. Estaba agotado y quedaba una larga noche de trabajo por delante.

Enfilaba ya la Via Dell´Indipendenza dirección al pequeño apartamento que alquiló por un mes. Nada de recibos, nada de firmas. Cuando uno paga por adelantado, y es generoso, los problemas desaparecen. El maravilloso mundo de internet se encargaba del resto y le proporcionaba la mayor de las confidencialidades, raramente veía a los dueños de los pisos en este tipo de desplazamientos, lo cual, dado el tipo de trabajo a desarrollar era un valor añadido nada desdeñable.

Le separaba exactamente un kilómetro desde el punto donde se ubicaba hasta el edificio de apartamentos situado en la Piazza 20  ettembre, una vez finalizaba la Via Dell´Indipendenza. Unos diez minutos andando; si se viese en la necesidad de cubrir la distancia corriendo lo conseguiría fácilmente en unos cuatro minutos, que para su edad era un tiempo magnífico. Había llegado a pensar en alquilar una Vespa, todo el mundo en Bolonia parecía desplazarse en moto, pero tras un par de días desistió. Las ubicaciones principales se encontraban relativamente cerca, y disfrutaba caminando entre siglos de historia que le contemplaban.

Tras un agradable paseo, inmerso en el bullicio típico de aquella ciudad, llegó finalmente al edificio situado en la Piazza 20 Settembre. Aquella plaza parecía marcar la frontera entre el pasado y el presente en una ciudad milenaria. El bloque de apartamentos confirmaba aquella teoría; no debía de tener más de treinta años, lo que significaba, echando un vistazo a los edificios que le rodeaban, que se encontraba ante una construcción realmente moderna. Apenas alzaba cuatro plantas de ladrillo rojo con unas enormes vigas blancas que parecían separar los apartamentos. Las ventanas abundaban, y al no tener ningún edificio delante, le proporcionaba una magnífica vista hacia la plaza y, lo más valioso, una tremenda luminosidad tanto de día como de noche, por lo demás no había ningún alarde excepcional de diseño que pudiese resaltar, era simplemente un edificio más, perfecto para su cometido. Siempre que tenía que trabajar en el centro de una gran ciudad, elegía ubicaciones cercanas sin que llegasen a estar en el casco histórico, las cuales eran complicadas operativamente hablando; zonas peatonales, calles estrechas, excesiva presencia policial. Bolonia en ese aspecto se llevaba la palma, jamás había conocido una ciudad con tal cúmulo de recovecos, hizo bien en llegar con tanta antelación. El apartamento se encontraba lo suficientemente cerca del centro para poder moverse a pie con soltura y con inmejorables salidas a la tangenciale; eso implicaba menores inconvenientes de cara a un posible escape, y en consecuencia le brindaba mayores posibilidades de éxito.

Sacó una sencilla llave metálica de su pantalón y procedió a abrir el portal, ni la puerta de cristal ni el marco metálico de la misma parecían tener consistencia.

–Vaya mierda de sistemas de seguridad se instalan en estos edificios – pensó mientras abría.

A pesar de tener un ascensor justo en frente, se dirigió rápidamente hacia las escaleras, odiaba aquellos pequeños zulos y los evitaba siempre que podía, no le importaba tener que subir y bajar cuatro plantas quince veces al día, se consolaba sabiendo que así ejercitaba un poco su cuerpo.

Llegó a la puerta de su apartamento, el 409. Al abrir pudo constatar que su cerradura era, si cabe, peor que la anterior. Dejar las puertas abiertas de par en par no hubiese significado una gran diferencia. ¡Qué desastre! No imaginaba cómo la gente normal podía ni si quiera dormir bajo aquellas “medidas de seguridad” tan lamentables, y sobre todo andando gente suelta por ahí mucho peor que él; era un insulto, poco más que una amable invitación a que se entrase. Cerró dejando la llave insertada por dentro, tampoco le dio mayor importancia, si algún imbécil cometía el error de entrar allí iba a llevarse una desagradable sorpresa.

El apartamento dispondría de unos cincuenta metros cuadrados, distribuidos de una manera bastante diáfana, se notaba que las reformas habían llegado al interior del edificio. Al acceder uno se topaba de golpe con la estancia principal, que ocupaba gran parte del piso. A su derecha, y sobre un suelo de tarima flotante, se encontraba una pequeña mesa redonda de madera con cuatro sillas, de frente un par de sofás y en la pared colgaba una televisión de plasma. Tenía que agradecer que los muebles desprendieran una estética actual, la calidad de los mismos ya era otro cantar. Un poco más allá, y camuflado elegantemente tras lo que parecía un armario, se descubría la cocina, que culminaba una impecable integración. Una puerta situada unos metros a su derecha le proporcionaba el acceso al único cuarto del apartamento, con un solitario armario empotrado de generosas dimensiones y una sencilla cama de matrimonio. Al baño, con dos puertas, se llegaba desde el cuarto o desde la estancia principal; tuvo que reconocer que le gustó ese detalle, así como que, en general, el apartamento era lo que buscaba. En comparación con otros emplazamientos donde había trabajado en el pasado, podría jurar sobre la mismísima Biblia que aquel lugar era el paraíso.

Se liberó de su cámara Nikon D4 con objetivo manual de gran angular, y control de perspectiva f/3.5D ED y la depositó, junto a las llaves, en una cómoda situada a la entrada. Para su glock semiautomática G17 usaba el primer cajón de la misma; allí guardó, además, cartuchos, un “bonito utensilio” capaz de producir terribles descargas eléctricas, algunas armas blancas, una porra telescópica y diferentes productos químicos que debería usar llegado el momento. Solía llevar encima o guardaba cerca mientras dormía otra pistola semiautomática, en este caso una Glock G19, mucho más manejable y operativa en distancias cortas. En la reserva siempre una G26, todas con cartuchos de 9mm. Y a pesar de su pasión por las armas de fuego, gracias a la sutileza de sus trabajos, llevaba años sin recurrir a ellas en situaciones reales.

Encima de la mesa, escrupulosamente ordenado, se amontonaba un considerable número de papeles, fotografías y documentación junto a un ordenador portátil. Faltaban dos días para que saliese de allí y no querría dejarse atrás documentación a destruir por un estúpido descuido.

Se dirigió hacia la nevera de donde sacó unas cuantas verduras frescas compradas esa misma mañana: pimiento rojo, cebolla, calabacín y berenjena. Hayándose en el país de la pasta, no encontró mejor excusa para cocinar unos excelentes linguini con verduras, a los que por supuesto no les iba a faltar auténtico queso parmesano. Puso rápidamente una olla con agua a hervir, preparó una sartén con aceite de oliva virgen extra, y sacó un afilado cuchillo del primer cajón. Hacía muchos años que descubrió que sus habilidades con los cuchillos podían tener muchas más utilidades que cortar pimientos y berenjenas.

Al cabo de cinco minutos, el sofrito empezaba a oler de maravilla. Coló los linguini cuando se encontraron al dente y los volcó en la sartén para que se empapasen bien con la salsa, al cabo de un minuto los sirvió en un plato y se sentó tranquilamente a cenar en su mesa de diseño sueco. Un vaso junto a una triste botella de agua San Benedetto los contemplaban. En ese momento no pudo dejar de pensar en los excelentes vinos a su alcance de la región de la Emilia Romagna o los de la vecina Toscana, pero nunca se permitía beber en una misión, ya tendría tiempo para eso más adelante, se había jurado a sí mismo que volvería a conocer y disfrutar de aquella impresionante ciudad que le conquistaba por segundos. De momento el santo Benedetto era su único acompañante.

Terminó de cenar y recogió la estancia como si nadie hubiese pasado en años por allí, el orden era sagrado para él. Tenía que aprovechar para dormir un rato, eran poco más de las 22:00h, y en apenas cinco horas debía estar de nuevo en la calle para supervisar los últimos aspectos de la operación. Colocó delicadamente su Glock G26 encajada entre la cama y la pared, programó el despertador y trató de descansar un poco. Nicolás Girard apagó las luces y se giró en su cama buscando una buena postura para dormir, el final estaba cerca, muy cerca.